Fragmento de nota reciente del diario español El País, que ha enviado Georgina Lázaro, la exquisita escritora y especialista de LIJ de Puerto Rico, me pareció bueno compartirlo. Hay opiniones diversas sobre un tema que nos une: la mujer y la escritura. Cabe preguntarse si es un tema de género o una cuestión de mercado que ha apostado más a los escritores consagrados o bien los que indagan sobre temas de mayor demanda. También cabe preguntarse por qué en la actualidad hay más escritoras mujeres editadas que hombres. ¿Es siempre una propuesta del negocio o un cambio de paradigma? Menos prejuicios , más apertura. Dejo abierto los interrogantes.
"La onda de silencio que ha cubierto a las escritoras
latinoamericanas se ha roto del todo. Sus voces, diversas y de todas las
generaciones avanzan por el umbral de una época dorada para la literatura al
abrirse paso contra las etiquetas, el machismo, la discriminación, los tópicos,
los prejuicios, la incultura o la inercia del ninguneo del mundo del libro, la
sociedad y los medios de comunicación. Aunque la visibilidad y el
reconocimiento de esas autoras es mayor en España que en su propio continente.
…Piedad Bonnett, Leila
Guerriero, Sofía Segovia, Aurora Venturini, Yolanda Arroyo, Zoé Valdés, Laia
Jufresa, Flavia Company, Marbel Sandoval Ordóñez…
Son algunos de los nombres de narradoras que ya tienen
un lugar en la memoria de los lectores, unas cuantas empiezan abrirse paso y
muchas más que no cesan en su empeño de publicar. Pertenecen a una estirpe de
creadoras de un continente que la gente relaciona sobre todo con grandes
poetisas como Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Olga Orozco, Alejandra Pizarnik,
Rosario Castellanos, Blanca Varela o Ida Vitale.
“Al sabernos
excluidas de la tradición nos sentimos libres del imperativo de honrar sus
convenciones”, dice Carolina Sanín
“La suerte es que hablamos de mujeres de generaciones
muy diversas: De Hebe Uhart (1936) o Griselda Gambaro (1928), pasando por Laura Restrepo (1950)
hasta llegar a Gisela Leal (1987), por dar solo unos pocos nombres. Están
ubicadas a lo largo de toda la geografía de la lengua, es decir, no es un
fenómeno que se da solo en tal o cual país. Visitan todos los géneros: el
teatro, la poesía y la novela por supuesto. Y sus temas son tan amplios como
nombres hay. Me parece que sienten la libertad de contar cualquier cosa y de
hacerlo sin responder a ningún deber ni estereotipo”. Este es el mapa descrito
por Pilar Reyes, que lleva dos décadas oteando y analizando la literatura
latinoamericana en su condición de lectora y editora, primero en Alfaguara Colombia y desde hace
unos años en España.
…Selva Almada,
Carolina Sanín, Isabel Mellado, Valeria Luiselli, Rita Indiana, Mayra
Santos-Febres, Pola Oloixarac, Giovanna Rivero, Betina González…
Esa proliferación y normalización de nombres en la
literatura rompe y desafía lo establecido. Varias de estas narradoras denuncian
la prolongación de prácticas de otras épocas: creen que la historia literaria
sigue sin hacer justicia a las mujeres, se sienten excluidas de la tradición,
perciben un trato que mezcla la condescendencia y el asombro ante sus libros y
notan cierta desigualdad frente a los hombres.
“Tengo la impresión de que en ocasiones el
interesante, y fundamental, matiz político de la narrativa escrita por mujeres en Latinoamérica
ha alejado su obra de los lectores más acomodados de nuestro país (España), que
cuando se han acercado a parte de la literatura latinoamericana lo han hecho
buscando aún ‘lo real maravilloso’, lo exótico’ o cierta forma de ‘empalago
emocional’, es decir, las propuestas menos interesantes de una literatura rica,
riquísima”, explica Julián Rodríguez, editor de Periférica, atento a la creación e
innovación literaria en español.
Nombres que conviven con los clásicos y con los de
narradoras contemporáneas y populares que empezaron a romper hace unas décadas
ese silencio sobre la literatura latinoamericana escrita por mujeres. Entre
esos nombres contemporáneos figuran las chilenas Isabel Allende, Marcela
Serrano y Diamela Eltit; las argentinas Clara Obligado y Ana María Shua; la
colombiana Laura Restrepo; las nicaragüenses Claribel Alegría y Gioconda Belli;
la cubana Reina María Rodríguez; las uruguayas Cristina Peri Rossi y Carmen Posadas
y las mexicanas Ángeles Mastretta, Margó Glanz y Elena Poniatowska, segunda
latinoamericana Premio Cervantes y única narradora, la
otra fue la poeta cubana Dulce María Loynaz. Y, detrás de ellas, las argentinas
Victoria y Silvina Ocampo, la chilena María Luisa Bombal o la mexicana Elena
Garro que abrieron desde la primera mitad del siglo XX ese universo más allá de
lo masculino o femenino donde lo que cuenta es la literatura.
…Sabina Berman, Karla
Suárez, Consuelo Triviño, Andrea Jeftanovic, Mayra Montero, Daniela Tarazona,
Gisela Leal, Reina Roffé, Bárbara Jacobs…
Cada vez que la argentina Leila Guerriero, autora
de Una historia
sencilla (Anagrama), escucha la palabra “mujeres”
relacionada con la palabra “literatura” no puede —ni quiere— evitar erizarse un
poco: “Más allá de que es verdad que antes había menos mujeres escritoras —y
menos mujeres astronautas, chefs, presidentas, empresarias, conductoras de
autobuses—, seguir pensando cualquier universo creativo en términos de género
no hace más que reproducir un punto de vista perimido que transforma un hecho
evidente (que las mujeres somos capaces de conducir un autobús, ir al espacio o
escribir novelas y ensayos) en motivo de sorpresa o admiración. Algunos de mis
escritores favoritos son mujeres pero jamás pensaría en ellas como ‘mujeres’
sino como ‘personas que están entre mis escritores favoritos’. Prefiero pensar
que si hoy la presencia de mujeres en la literatura de nuestros países es mayor
a la de hace algunos años, no se debe a una moda, ni a que las editoriales
tienen que cumplir con determinado cupo femenino como consecuencia de la
corrección política que nuestro siglo ha erigido como el único dios ante el que
hay que prosternarse, sino a que, como en todos los demás ámbitos, esas mujeres
pueden ejercer su vocación sin pedir permiso ni disculpas y, sobre todo, a que
están escribiendo (como sus colegas varones, sin que eso le llame la atención a
nadie) buenos libros”.
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