Quiero compartir de la escritora y ensayista Laura
Freixas que escribe e investiga sobre género un fragmento muy interesante del tema que elegí para esta salida. Me ha impactado su cosmovisión,
adhiero a ella en un tema tan sensible y afín con el mundo de la mujer como la
maternidad. Pienso en la literatura como expansión, sin tocar los bordes para
evitar los extremos que limitan.
Somos personas en construcción, seres cambiantes sin posibilidad de detenernos
por eso indagar es conocernos.
Esta escritora ha reunido en un libro maravilloso Madres e Hijas una excelente
narrativa que aborda este vínculo con riqueza y diversidad. No olvidemos que
hasta hoy hablar de maternidad es definir el género mujer, ¿acaso hubo en la
historia social, tema más visceral y fundante de la subjetividad femenina que
ser madre? No, no es evitable, por eso lo traje a este espacio porque
contrariamente al valor atribuido por la sociedad, la mujer se pierde en las
tramas literarias por irrelevante: ¿quién pondría una amante con un embarazo avanzado, o una asesina a
punto de parir? Más sencillo: ¿quién se anima a poner como protagonista a una
mujer que no quiere ser madre, o una madre con hijos que no deseó, a quienes no
quiere?. ¿O estoy errada?
Dice Laura Freixas sobre el libro:“Todos los avaros, traidores,
idealistas, misántropos, hermanos, amigos, maestros y discípulos… de la
literatura universal, por lo visto, son varones. ¿Y las mujeres? Aparecen
algunas, sí, entre los personajes–tipo. Pero son poquísimas. Y además, no se
definen por sus características intrínsecas, sino por su relación con los
varones:
(..)
Si en vez de convertirme en madre, yo me hubiera convertido en adúltera, habría
tenido muchos más modelos: desde el Decamerón
a Madame
Bovary, pasando por Mañana en la batalla piensa en mí.
¿Por qué es eso así? ¿Por qué la literatura de todos los tiempos y países, esa
misma que aborda constantemente, como es lógico, las grandes vivencias humanas
universales, no incluye algo tan humano y universal como es la maternidad? Por
más que investigué, apenas encontré personajes maternos. Los pocos que hay
suelen ser unos tipos extremos, que
parecen, más que personas, idealizaciones o demonizaciones, fruto del amor o
del odio de sus hijos: pienso en La
madre de Gorki o la del Libro
de mi madre de Albert Cohen, madres de un altruismo sobrehumano
totalmente entregadas a sus hijos (y eso es lo que parece valorar el autor de
ellas: que no tengan vida propia); o en el tipo contrario pero igualmente
inverosímil: esas madres inhumanas, diabólicas, de la tragedia griega
–Clitemnestra, Medea–, o las que nos presentan Galdós (Doña Perfecta), García Lorca (La casa de Bernarda Alba)… Descubrí por fin otro tipo de madre
literaria, más creíble, más de carne y hueso, retratada generalmente en el
contexto de una relación madre–hija, en libros como (…) Una muerte muy dulce de Beauvoir, Tiempo de espera de Carmen Riera, (…) Lo que me queda por vivir de Elvira Lindo). Se me ocurrió reunir
en una antología relatos de varias autoras españolas sobre ese tema, y así
surgió Madres e hijas .”
Madres e hijas. 1996,
Madrid. Anagrama. Es una antología en la que reúne relatos ya publicados de importantes
autoras como Rosa Chacel, Carmen Laforet, Carmen Martín Gaite y Ana María
Matute, así
La historia se centra en una familia de clase media de Buenos Aires, integrada por Inés, Ernesto y su hija Lali, una adolescente de diecisiete años.
Un día Inés encuentra en las pertenencias de su marido un corazón dibujado con rouge que dice “Te quiero” y está firmado por “Tuya”. Esto la descoloca y pronta inicia una pesquisa en la que encuentra más declaraciones de amor. Decide fingir que no sabe nada y una noche sigue a su marido que se encuentra en los bosques de Palermo con su secretaria Alicia.
Escondida allí, Inés es testigo de un incidente entre su esposo y su secretaria, que en un forcejeo termina muerta. A partir de ese momento, Inés empieza a crear una especulación casi policial y meticulosa sobre la relación entre su marido y Alicia y traza un plan para encubrir el accidente fatal. Pero la vida le depara una gran sorpresa. En historia paralela, Lali, atraviesa un drama personal que la familia desconoce. La soledad y el desamparo es lo que marca a esta joven y su historia conmovedora.
Para hablar de Madres:
Mamá, Jorge Fernández Díaz. 2002. Buenos Aires.
Sudamericana
Una campesina española envía a su hija de quince años
a la Argentina de Perón. Quiere sacarla de la pobreza y le promete que pronto
viajará el resto de la familia. Pero algo falla y nadie viene, y la chica se
queda en un país donde crece, se casa,
lucha contra su destino y sufre el destierro. Luego de muchos años se hace
argentina. Un día sus hijos le anuncian que quieren irse a vivir a España,
huyendo de la depresión económica, y para ella, todo vuelve a empezar. Esta historia
se convierte en libro el día en que su hijo editor y periodista, advierte que
las experiencias de su madre hacen llorar a la psicóloga que la atiende. Decide
entonces entrevistar a "mama" durante más de cincuenta horas y luego
reconstruye este relato emocionante y lúcido. Un relator que narra la historia
de una mujer de clase media, que podría ser la madre o la abuela de cualquier
lector y que, a la vez, plantea el gran dilema actual, y de todos los tiempos:
irse o quedarse. Y como centro la figura
poderosa de esta mamá.

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